
En la localidad de Ahalivémé, ubicada al oeste del cantón de Anfoin, en la comuna de Lacs 4, la ausencia total de manglares expuso a las comunidades a múltiples vulnerabilidades: erosión de las riberas, inundaciones estacionales, agotamiento de las poblaciones de peces y pérdida de biodiversidad. Esta situación limitó las oportunidades económicas locales, en particular para las mujeres que dependen de la pesca y los recursos naturales para sus ingresos, y exacerbó la fragilidad ecológica ante el cambio climático.
Desde una perspectiva feminista, esta degradación afectó desproporcionadamente a las mujeres, quienes a menudo se encargaban de la recolección de leña, pescado y alimentos. Por lo tanto, fueron las primeras en verse afectadas por la desaparición de los manglares. Desde un punto de vista climático, la ausencia de este ecosistema redujo gravemente la resiliencia de la comunidad ante las inundaciones, la erosión y el aumento del nivel del mar, lo que hace urgente la necesidad de acciones de restauración y gestión sostenible.
El problema central, por lo tanto, era la degradación de los ecosistemas costeros y la creciente vulnerabilidad de las comunidades locales, agravada por la falta de estructuras comunitarias organizadas para la protección ambiental y la gestión sostenible. El reto consistía en preservar los recursos naturales y, al mismo tiempo, garantizar medios de vida sostenibles, movilizando a la comunidad y fortaleciendo las capacidades locales para una gestión ambiental eficaz.

Gracias a la intervención del proyecto ACF-AO, se implementó una solución integral que combina sensibilización, capacitación técnica y movilización comunitaria. La población de Ahalivémé se concientizó sobre los riesgos asociados a la ausencia de manglares y los beneficios de su restauración para el medio ambiente y los medios de vida. Esta concientización condujo a la creación de comités locales de gestión encargados de proteger los manglares y establecer normas estrictas para su conservación. Por ejemplo, quien tale o arranque un retoño de manglar debe pagar una multa de 5000 FCFA, replantar 10 retoños y participar en dos sesiones de mantenimiento del sitio, dando así ejemplo al resto de la comunidad.
INADES-Formación Togo desempeñó un papel crucial en el fortalecimiento de las capacidades técnicas de los actores locales mediante la capacitación en técnicas de producción en viveros y reforestación. Los comités de gestión, los comités de mujeres y la cooperativa Minodou pusieron en práctica estas habilidades para organizar la reforestación y monitorear los sitios. Otros actores, como AVOTODE, las autoridades locales (CVD, CCD, etc.) y voluntarios comunitarios, contribuyeron a la sensibilización y el monitoreo, creando sinergia entre los diversos actores.
Los resultados son significativos: se han restaurado 5 hectáreas de manglares en Ahalivémé, transformando una zona previamente desprovista de ecosistema en un espacio ecológico vivo, protegido y gestionado colectivamente. Esta iniciativa va más allá de la simple plantación de árboles: integra prácticas estructuradas de reforestación, fortalece las capacidades técnicas locales y moviliza a la comunidad, en particular a las mujeres, en torno a la protección ambiental y la resiliencia climática.

Los cambios observados van más allá de la restauración ecológica. Las mujeres miembros de los comités y de la cooperativa Minodou han adoptado nuevas prácticas de gestión sostenible, como la producción de plántulas de calidad y el seguimiento regular de las labores de reforestación. La actitud ha cambiado: el manglar se considera ahora un valioso recurso colectivo y los residentes participan activamente en su protección. La biodiversidad local muestra indicios de recuperación, con el regreso de especies vegetales y animales a la zona reforestada, mientras que la comunidad está fortaleciendo su resiliencia ante la erosión, las inundaciones y la disminución de las poblaciones de peces.
De esta experiencia han surgido tres lecciones principales:
- La importancia de la movilización comunitaria y la concienciación: La concientización sobre los riesgos asociados con la pérdida de manglares fue un factor clave para la creación de comités de gestión y el establecimiento de normas locales.
- El valor de fortalecer las capacidades técnicas: La capacitación de los actores locales en la producción de viveros y técnicas de reforestación garantizó la calidad de las plántulas, el éxito de los esfuerzos de reforestación y la sostenibilidad de la iniciativa.
- La eficacia de los mecanismos de rendición de cuentas y de comportamiento ejemplar: El establecimiento de reglas comunitarias (multas, replantación, mantenimiento del sitio) fomentó el compromiso colectivo y evitó el abandono de las plantaciones.
Hoy en día, la restauración del manglar en Ahalivémé representa un cambio particularmente importante e innovador: ha transformado una zona completamente desprovista de ecosistema en un espacio vivo, protegido y gestionado colectivamente. Demuestra concretamente cómo el desarrollo de capacidades, especialmente para las mujeres, puede generar un impacto ecológico, social y económico duradero y convertirse en un ejemplo inspirador para toda la comunidad.
Crédito de las fotos: Formación Inades Togo
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